El nuevo COT, al rescate de los especuladores

Crazy traders COTHace unos años se hizo muy popular un indicador que revelaba las posiciones en los mercados de futuros de los especuladores profesionales. Al operar en futuros, el trader tenía que declararse o bien como un “comercial” (y por lo tanto empleaba futuros para cubrir el riesgo de su negocio en la economía real), o bien como “especulador”.

La información la agrega el CFTC (Commodity Futures Trading Commission) en lo que se conoce como el informe COT (Commitments Of Traders). La idea subyacente era usar las posiciones netas de los especuladores como indicador adelantado —se les supondría cierto poder adivinatorio— de hacia dónde se podría mover el mercado en el corto o medio plazo. Lo malo es que dentro de la categoría de especulador caía todo lo que no era “comercial”, por lo que tras algunos éxitos puntuales, su fiabilidad y popularidad fueron cayendo con los años.

La cosa cambió hace unos meses cuando en octubre de 2009 el CFTC, presionado por la opinión pública y política para ofrecer una mayor transparencia en el funcionamiento de los mercados financieros, decidió ofrecer abiertamente los datos desglosados de los participantes en los mercados de futuros desde junio de 2006. Esta nueva información está generando multitud de nuevos informes que arrojan, por fin y con datos concretos encima de la mesa, luz sobre el alcance real de la actividad especuladora. El nuevo informe ha pasado a llamarse DCOT (Disaggregated Commitment Of Traders), desglosado en las siguientes categorías:


DCOT

En ciencia, cuando dos opiniones son contradictorias, se diseña un experimento para ver quién tiene razón. Si alguien (o nadie) la tiene, el experimento se la otorga (o no), y no hay más que hablar.

En Economía, pocas veces pueden ejecutarse experimentos que confirmen o refuten las hipótesis propuestas. Mucho menos en Política. De ahí que una gran parte del conocimiento acumulado en las Ciencias Sociales sea motivo de debate y opinión. Al no poder contrastar las hipótesis, cualquier opinión medianamente razonable se convierte en legítima y por lo tanto defendible. De ahí a las manipulaciones interesadas de la opinión pública hay sólo un paso.

Aprovechando la mayor visibilidad que nos ofrecen los datos del DCOT, dos trabajos científicos han salido a la luz recientemente. Quizá con estos nuevos datos podamos discernir por fin si la actividad especuladora es un tema opinable —por excesiva, escasa, beneficiosa o perjudicial—, o por el contrario puede dejar de ser algo ambiguo para reconocerse como un hecho.

El primer artículo, de Brunetti y Büyüksahin, publicado en abril del año pasado, se enfrenta directamente a la pregunta sobre si los especuladores desestabilizamos los mercados o por el contrario ayudamos a equilibrarlos. El artículo aclara con mediciones concretas y sin ambigüedad algo que hasta ahora era terreno de la opinión personal.

Brunetti y Büyüksahin se dedicaron a estudiar, durante el periodo comprendido entre enero de 2005 y marzo de 2009, las posiciones diarias en Futuros para cada contrato y vencimiento del Petroleo, Gas, Maíz, Eurodolar y Mini-DowJones (Estos subyacentes no fueron elegidos al azar: Cada uno representa en sí mismo un tema que causó polémica en algún momento de los últimos 5 años). Analizaron todas las posiciones abiertas día a día. En particular, se fijaron en el efecto que tenían en las variaciones de precio de estos futuros la actividad de aquellos traders que entran en alguna categoría de especuladores.

El resultado, en palabras de los propios autores (pág. 22) es demoledor: “Encontramos que la actividad especulativa no es causa de ningún movimiento en los precios, pero sí tiene un importante efecto en el riesgo (volatilidad): lo reduce”.

Paralelamente, Hilary Till, del EDHEC-Risk Institute, llega a una conclusión similar en uno de sus trabajos centrado específicamente en el petróleo, donde se pregunta si ha habido una “excesiva” especulación.

Sus conclusiones, a pesar de utilizar una aproximación distinta empleando la misma fuente de datos, son claras y coinciden en lo esencial con el trabajo mencionado anteriormente: “El balance entre la actividad especuladora en los mercados de derivados sobre el petróleo en EE.UU, y las actividades de cobertura, no se puede considerar excesivo, al menos en el periodo estudiado del 13 de junio de 2006 al 20 de octubre de 2009”.

MisesAsí, éstos y otros trabajos como el comentado en el post anterior, están demostrando que las hipótesis de Ludwig von Mises a propósito del papel beneficioso e imprescindible de la especulación, iban en la dirección correcta. Esto pone aún más en relieve el peligro que una potencial excesiva regulación gubernamental en el campo de la especulación supondría para la economía real. Si finalmente las medidas regulatorias tuvieran éxito, deberíamos ir preparándonos para sufrir variaciones de precio —y por ende mayores impactos económicos indeseables— mucho mayores de las experimentadas históricamente.

Mientras tanto, no deja de ser paradójicamente divertido que un antiguo indicador utilizado para especular —el COT y su evolución en el DCOT—, se haya convertido en un defensor esencial del limitado y beneficioso impacto que la propia actividad especulativa tiene en los mercados y la economía.

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