Cuando algo no va bien, lo más fácil es echarle la culpa a alguien, sobretodo si es indefinido. En los años ’80, estaba de moda echarle la culpa a “los árabes”, cada vez que el mercado recortaba sin motivo aparente. Se suponía que había fuertes actores del mercado escondidos detrás de la riqueza petrolífera de Oriente Medio, como cuenta Michael Lewis en su siempre interesante “Liar’s poker”.
Hoy está de moda echarle la culpa a los especuladores, personificados en esos misteriosos entes llamados Hedge Funds (sobre los que hablaremos en profundidad en el futuro). Se les acusa sobretodo de precipitar y empujar los precios más allá de lo “razonable” (si es que el término tiene sentido), perjudicando en última instancia a la economía real.
Imaginemos por un momento que el Gobierno pudiera interferir en la formación de precios “por ley”, como están intentando concretar actualmente contra las posiciones cortas (bajistas), o como ocurrió con las cebollas en Michigan, USA, en 1958.
Efectivamente, el Gobernador, alarmado por los “potenciales peligros de la especulación”, prohibió la creación de un mercado de futuros abierto donde agricultores y especuladores pudieran intercambiar libremente el riesgo futuro del precio de las cebollas.
¿Qué ocurrió? Si recordamos la subida del precio del petróleo en 2007-08 desde los 70$ hasta los 140$, tenemos un incremento alrededor del 100%. Nada comparable a nuestra hortaliza. ¡En ese mismo periodo las cebollas subieron más de un 400%, para caer después un 96%! Al carecer de especuladores, los precios no podían absorber los impredecibles choques externos de oferta y demanda. Hoy, los agricultores y lobbies que empujaron al Gobernador de Michigan a prohibir un mercado de futuros, estudian abrirlo para dejar entrar a quienes más necesitan: especuladores que tomen los riesgos que no quieren los productores y amortigüen con su acción las fluctuaciones de precios.
Como decía mi profesor de Astrofísica, vamos a recordar algunos órdenes de magnitud para situar dónde estamos y de qué hablamos cuando nos referimos a la industria de los Hedge Funds (un “Trillion” anglosajón corresponde a nuestro billón, o millón de millones):
- Coste de la carrera espacial para alcanzar la luna: $0,24T
- Coste de la guerra de Vietnam: $0,7T
- Coste de la guerra de Irak: $2T
- PIB USA: $14T
- Deuda USA: $51T
- Volumen de los Derivados de Crédito mundial: $51T
- Volumen de activos gestionados mundialmente: $62T
- Volumen gestionado por toda la industria de Hedge Funds: $2T
Así, cuando recordamos el exiguo 3% que representa la industria de los Hedge Funds en el entramado mundial de la gestión financiera, echándoles la culpa de todos nuestros males (cuando algunos bancos individualmente controlan mayor volumen que toda la industria Hedge), tal vez deberíamos pensar que lo que nos hace falta no es más regulación, sino tal vez un poco más de especulación. Los Hedge Funds y sus especulaciones contribuyen a la estabilidad financiera, mitigando el riesgo sistémico, pinchando burbujas irracionales y limitando las variaciones hiperbólicas de precios; no al contrario.
Buen artículo pero en mi opinión debería de tener en cuenta el apalancamiento de que disponen estos fondos hasta 1:20 o 1:30 de manera que los $2T estimados por usted se pueden convertir en $30T.
Evidentemente la presión sobre los precios que pueden ejercer en divisas o commodities es muy menor a la que pueden ejercer sobre una acción en concreto.
Un saludo,
Gracias Miquel. Simplemente apuntar que ya desde el colapaso del LTCM en 1998, el apalancamiento de la industria hedge se fue reduciendo gradualmente hasta unos niveles que hoy raramente sobrepasan el 1:2.
Hoy en día, incluso antes del crash financiero del 2008, un hedge con apalancamiento 1:5 era ya considerado excesivamente peligroso. Los apalancamientos “fuera de órbita” del tipo 1:20 o incluso 1:100, han quedado fuera del mundo institucional y se han centrado en los pequeños inversores que juegan a la ruleta rusa gracias a brokers sin escrúpulos.