Justicia ciega

justicia_ciegaLa “Fórmula del Dinero” es, como la justicia, ciega e implacable. No sabe si eres hombre o mujer, negro o blanco, joven o viejo. No discrimina por inteligencia, grado de preparación o físico, ni por nivel educativo o social. No distingue entre intenciones honestas o fraudulentas. No atiende a nuestros deseos ni a nuestros miedos o necesidades. Para nuestra indiferente Fórmula, todos los especuladores somos iguales: Sólo importa el valor de la Esperanza Matemática que obtenemos de nuestra estrategia.

Por ejemplo, le da igual si nos concentramos en la calidad de nuestras apuestas, intentando que cada apuesta sea lo más razonable posible o que cuente con la máxima probabilidad de resultar ganadora. O si preferimos, como vimos en los ejemplos del jorobado y Taleb, centrarnos en intentarlo innumerables veces, pero con pocas esperanzas de acertar en cada una de ellas.

Las empresas de Capital Riesgo (Venture Capital), por ejemplo, se centran sobretodo en hacer esas pocas apuestas al año, extremadamente cuidadas, razonadas y justificadas. Necesitan que la mayoría de sus escasas y grandes apuestas “les salga bien” para que la Fórmula caiga del lado positivo. No pueden confiar en que sólo una o dos les produzcan suficientes beneficios para compensar el fracaso de otras apuestas.

Al contrario que Paul Graham, quien a través de su empresa “Y Combinator”, prefiere invertir en cientos de pequeñas empresas nacientes (startups) al año, aportando pequeñas cantidades a cada una de ellas. Estos Business Angels, o empresas que aportan un capital semilla para startups, reconocen que apenas saben nada del resultado final de cada idea que se les presenta.

Por ejemplo, más de 20 empresas rechazaron, entre 1939 y 1944, la “loca” idea de Chester Carlson de crear y comercializar una máquina que “copiara documentos” (al final creó Rank Xerox y empezó a vender fotocopiadoras…). En general, cuando alguien propone algo que los demás tachan de imposible (el premio Nobel Lord Kelvin dijo en 1895 que era imposible construir máquinas más pesadas que el aire que pudieran volar), es probable que algo inesperadamente grandioso pueda surgir. Pero si no hay manera de saber cuál será el siguiente Google, la estrategia más “razonable”, al menos para Paul Graham y Taleb, es apostar a todos los caballos que puedan. Al final es la propia incertidumbre del mundo la que alimenta el potencial de las estrategias ganadoras.

En definitiva, lo más importante a la hora de especular será encontrar la estrategia que más se ajuste a nuestra personalidad y forma de ser. Algunas personas sienten tanto temor al riesgo, que sólo serán conscientes de haber realizado una única y grandiosa apuesta, probablemente a la carta del “funcionariado”, deseosos de eliminar la incertidumbre de su vida. Otras, en el extremo opuesto, adictas al riesgo o temerarias, puede que acaben en una mesa de trading o arruinadas en el casino. Pero como hemos visto en las últimas entradas del blog, no hay una única “fórmula mágica” para todos, sino un camino personal por descubrir y trabajar. Por que en última instancia, es responsabilidad y privilegio de cada uno encontrar nuestra manera de caminar a través del caos y la maravilla del mundo.

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1 comentario

Feed de comentarios
  1. Maricarmen

    todos los especuladores somos iguales? No me lo acabo de creer ; me parece que en este juego hay mucho tramposo y muchas cartas marcadas .

1 Trackback

  1. Por Especular.com - La seducción del riesgo en 19 19Europe/Madrid sep 19Europe/Madrid 2010 a las 11:48 pm

    [...] contrario que nosotros (por eso nos daba contrapartida), convirtiendo los mercados en una especie de capitalismo democrático, donde los activos subían o bajaban por “votación popular”. Pero últimamente se [...]

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