Hubo un tiempo en el que los banqueros tenían el pelo gris de tanto preocuparse por sus clientes. Eran tiempo difíciles, porque si sus clientes perdían dinero, su negocio cerraba y ellos también se arruinaban.
En aquella época estaba de moda seguir una extraña costumbre. No invertían en aquello que no entendían o pudiera resultar peligroso para sus clientes. Especialmente si los nuevos productos iban acompañados de oscuras y misteriosas ecuaciones. Seguían la máxima de que no hay nada nuevo bajo el sol, y que cualquier fórmula mágica que les prometía ilimitados beneficios escondía por algún lado un reverso peligroso que podría arruinar a sus clientes y por tanto cerrar su negocio. Les iba la piel en ello.
Algo cambió a partir de los años ‘70 y sobretodo de los ’90. Muy poco a poco, tan despacio que no nos dimos cuenta, los propietarios de los bancos fueron dejando el control de sus negocios en manos de avispados y agresivos jóvenes que al parecer habían adquirido todo el conocimiento y sabiduría de la humanidad, gracias al esotérico poder que les otorgaban las siglas MBA bien visibles de su curriculum vitae (siglas que hoy sabemos corresponden a “Mediocre, But Arrogant”).
A esa nueva generación de ejecutivos se les encomendó la tarea de maximizar los beneficios, gestionando desde su infinita y prepotente sabiduría los “nuevos” riesgos. Pero algo fundamental había cambiado durante la silenciosa transición. Los nuevos ejecutivos, a nivel personal y a diferencia de los banqueros clásicos, sólo podían ganar. Si sus decisiones eran correctas, sus bonus tocaban la estratosfera (“hay que incentivar el talento”, se decían entre sí). Si sus decisiones eran equivocadas, los clientes del banco sufrirían las consecuencias. Y si el banco era demasiado grande para caer, si el riesgo asumido de manera irresponsable por la entidad ponía en riesgo a todo el sistema financiero mundial, sería toda la población la que asumiría las pérdidas. Mientras, ellos, cobrarían sus millonarias indemnizaciones por despido. El “trabajo perfecto” al que aspiraba una gran parte de la población estudiantil de las últimas tres décadas, soñando con llevar la vida del personaje interpretado por Paul Bettany en la película.
Los banqueros dejaron entonces de tener canas, ya no estaba de moda preocuparse tanto. Para gestionar “mejor” los riesgos y maximizar los beneficios había que cuantificarlos y exprimirlos, así que lo que se puso de moda fue buscar y contratar a todos los fabricantes de modelos matemáticos y fórmulas milagrosas que antes eran rechazados y olvidados. Como lo fue el primero de su especie, Louis Bachelier, hace más de un siglo (al que podemos considerar el primer “quant” de la historia al modelizar matemáticamente el comportamiento históricos de activos financieros en el año 1900). Miles de matemáticos, físicos e ingenieros, que tendrían que haber estado construyendo puentes, estudiando el interior de los hielos del satélite Europa o a los esquivos neutrinos; entraron a formar parte de la plantilla de los bancos para pulir esas fórmulas y hacerlas aún más rentables y “justificables”.
Así, el sentido común en los negocios y la finanzas, una sabiduría acumulada durante generaciones y destilada en útiles heurísticos (como por ejemplo “no invierto en lo que no entiendo”), fue dando paso a la “necesidad” de una descripción y acotación cuantitativa de riesgos (como la falacia del VaR) a la hora de tomar decisiones. Se empezaron a construir derivados cada vez más sofisticados, productos artificiales de dudosa utilidad en los que tanto el vendedor como el comprador estaban de acuerdo en su medida artificial de riesgo casi nulo, pasándose la pelota unos a otros y quedándose por el camino con suculentas comisiones.
Zachary Quinto (el malo de la serie Héroes y además productor de ésta película) interpreta a uno de esos quants que dejó una tradicional carrera en la economía productiva, por una mucho más lucrativa en el mundo financiero, como él mismo reconoce en un revelador momento de la película. Su personaje nos traduce (en realidad lo hace para sus jefes, los propietarios del Banco) lo que está pasando.
Apalancamiento
De una forma muy ilustrativa, Zachary nos comunica que si el mercado cayera más de un 25%, la capitalización bursátil de toda la compañía se reduciría a cero, nada. Esto es una licencia del guionista para simplificarnos una complejidad que podría no dejarnos ver un fondo del asunto bien sencillo y terrible: Todo el sistema financiero estaba, y sigue estando, brutalmente apalancado.
¿Qué significa “estar apalancado”? Que aumentamos el efecto que tiene sobre nosotros lo que nos puede ocurrir. Si esperamos que el petróleo suba un 10% ante los rumores del cierre del estrecho de Ormuz, podemos apalancarnos de manera lineal gracias a los Futuros tantas veces como queramos. Nos podemos apalancar por ejemplo tres veces. Entonces las variaciones de precio del subyacente, en este caso el precio del petróleo, afectarán a nuestra cuenta multiplicando por 3 dicha variación. Así, si el petróleo sube un 9%, a nosotros nos afectará ganando un 27%. A la inversa, si el precio cae un 11%, perderemos un 33% en nuestra cuenta.
¿Qué ocurre si uno está muy, pero que muy seguro de que el mercado va a hacer algo en concreto, o a la inversa nos parece que es prácticamente imposible que ocurra algo? (No tiene por qué ser moverse en una dirección. Puede ser perfectamente no superar ciertos límites con una “confianza estadística” muy, muy alta). Pues que, cegados por la aparente seguridad de nuestra certidumbre, intentaremos apalancarnos no 3 veces, sino lo máximo que nos permita el sistema financiero… (No es raro encontrar a bancos apalancados 50 ó 100 veces)
¿Por qué alguien permitiría asumir un riesgo tan grande? Alguien debería haber pensado que, en caso de equivocarnos, las pérdidas no sólo destruirían a la entidad, sino que la sumirían en deudas monstruosas. Sin embargo, en algún punto, se decidió seguir adelante.
La justificación, la excusa para que los altos directivos del banco siguieran apalancándose más y más, la da el Departamento de Riesgos, capitaneado en la película por el personaje de Demi Moore. Ella es la última responsable de justificar el extraordinario riesgo que el Banco ha asumido, ya que sus ecuaciones mostraban que algo así era prácticamente imposible que ocurriese. Así que si algo es casi imposible que ocurra… ¿por qué no apostar/apalancarse hasta las cejas?
En otras palabras, si conducimos un deportivo muy fiable, por una autopista en perfecto estado, y suponemos que dichas condiciones continuarán así en los próximos kilómetros… por qué no aumentar la velocidad a 160km/h, o mejor a 280km/h, o ya puestos a 407km/h y así llegamos antes que nadie?
Confundir el mapa con el territorio
Llega un momento en cualquier proceso de abstracción en el que perdemos el contacto con la realidad, y pasamos a manipular puras abstracciones. Esto no tiene por qué ser malo en sí mismo, si recordamos que estamos simplificando los elementos de dicha realidad. El problema llega cuando nos enamoramos de dichas abstracciones y las conclusiones a las que nos llevan las confundimos con la propia realidad que intentan describir.
Los bancos, en algún punto del camino (en muchos en realidad), confundieron el riesgo real que corrían con el riesgo prácticamente inexistente que las fórmulas y ecuaciones de los quants mostraban de manera aparentemente tan clara e irrefutable. Oponerse a sus conclusiones significaba en primer lugar estar en contra de aumentar los beneficios del banco, y en segundo lugar parecer un tonto que no se entera de la película frente a tus compañeros.
Evidentemente, con tanto PhD en plantilla, alguno habrá que no sea tonto del todo y confunda sus modelos con la realidad. Pero cuando eso sucede y alguien levanta la voz para discrepar, rápidamente se le corta la cabeza (no vaya a poner en peligro el bonus de fin de año, ¡hombrepordiós!). Por ejemplo, la matemática Iris Mack, quien en 2002 fue despedida del Fondo de Inversiones de la Universidad de Harvard por decir que sus inversiones en derivados podían ser más peligrosas de lo que pensaban.
Empatía
Si hay algo que caracteriza a todos los personajes, salvándose quizá el de Zachary al contemplar desde el coche a la gente inocente caminando por las aceras de New York, es su falta total de empatía hacia cualquier otro ser humano. No sólo hacia sus propios compañeros de trabajo o socios, sino por el resto de personas que se van a ver afectadas por lo que se les viene encima. Al principio de la película, el personaje de Kevin Spacey parece triste por los despidos masivos que está ejecutando, para descubrir que en realidad lo que le deprime y preocupa es el futuro de su perro.
En este sentido la película peca de excesivo maniqueísmo. Por experiencia sé que el mundo de las finanzas está lleno de tiburones que rozan (o disfrutan) la psicopatía, sin dudar un instante en traicionar, manipular o destruir vidas con tal de medrar. Pero también está lleno de personas maravillosas con más empatía que muchas ONG y más generosas de lo que nunca imaginé encontrarme en este entorno donde la materia prima es el dinero en sí. Generalizar a todos los que trabajamos en el gremio de las finanzas de ese modo sería como decir que todos los bomberos tienen alguna fijación con el fuego, o que todos los psicólogos eligieron su profesión porque tiene algún problema.
Lo inevitable
A diferencia de otras películas y documentales que se han hecho a raíz de la actual crisis, en esta se deja entrever algo más profundo que las simples causas circunstanciales actuales. Deja entrever que lo que ha ocurrido, no es algo extraordinario, no es único. Volverá a pasar, porque el ser humano no cambia. Volverán a formarse burbujas, volverán algunos a aprovecharse hasta que explote, volverán a hundirse, y vuelta a empezar. Casi se diría que su guionista simpatiza con la teoría del ciclo de los negocios de la escuela austriaca, o incluso con los resultados del Behavioural Finance más actual. En un momento de la película, el Presidente, interpretado por Jeremy Irons, nos lo describe y resume en sus propias palabras:
—Así que piensas que he arruinado a algunos hoy… Todo para nada. Has estado (dirigiéndose al personaje que interpreta Kevin Spacey) en esto todos los días durante casi 40 años, Sam. Todo esto es inútil como lo es todo lo que hay ahí fuera. Es sólo dinero, lo fabricamos. Piezas de papel con dibujitos para no tener que matarnos entre nosotros para comer. No estamos equivocados. Y ahora no es diferente de otras veces como ya ocurrió en 1637, 1797, 1819, 1837, 1857, 1884, 1901, 1907, 1929, 1937, 1974, 1987, 1992, 1997 y 2000 aunque ahora lo llamemos de otra forma. Siempre es lo mismo una y otra vez; no podemos evitarlo.Y ni tú ni yo podemos controlarlo, o pararlo o ni siquiera enlentecerlo o alterarlo lo más mínimo. Sólo podemos reaccionar. Y ganamos mucho dinero si lo hacemos bien, y nos tiran en la cuneta sin piedad si nos equivocamos. Y siempre será así. Zorros felices y tristes sacos. Peces gordos y perros ambrientos del mundo. Sí, pueden haber más de los de nuestra especie hoy en día, pero los porcentajes de perdedores y ganadores se mantienen exactamente igual.
http://www.dailymotion.com/videoxkvu5i
Chapeaux! Estaba deseando que “Especular” emitiese un juicio equilibrado sobre esta película. Suscribo el juicio sosegado en el apartado -Empatía- y subrayo este párrafo:
“Evidentemente, con tanto PhD en plantilla, alguno habrá que no sea tonto del todo y confunda sus modelos con la realidad. Pero cuando eso sucede y alguien levanta la voz para discrepar, rápidamente se le corta la cabeza (no vaya a poner en peligro el bonus de fin de año, ¡hombrepordiós!). Por ejemplo, la matemática Iris Mack, quien en 2002 fue despedida del Fondo de Inversiones de la Universidad de Harvard por decir que sus inversiones en derivados podían ser más peligrosas de lo que pensaban”
Y si no se te corta la cabeza directamente, se te enseña por donde coger el pomo de la puerta, o el rinconcito de la ‘office’ donde menos ruido puedas hacer
Finalmente, los demonios del leverage (como la gravedad a las manzanas, estén podridas o no, de Newton) hacen caer estos baluartes de la incentivación perversa: tanto da si te pillan dentro, como si la crítica o discrepancia -al estilo del primer gestor de riesgos que sale en la película- te hace pillarte fuera unas horas antes de que el tinglado se desmorone definitivamente …
Muy bien argumentado el gran problema extendido en el actual modelo especulativo bancario y las repercusiones que tienen en la sociedad sin que la mayoria de sus ciudanos sepa siquiera que existe porque cada vez esta mas preocupado por llegar a final de mes. Me gustaria remarcar el trabajo que hizo Nassim Nicholas con “EL cisne negro” que vendria a ser cuando nadie espera que aparezca uno en sus calculo y las repercusiones que tiene.
Buen artículo,
Habrá que ver la peli.
De todas maneras no estoy en absoluto de acuerdo con el comentario del “presidente”. Más que nada porque, efectivamente, si todos pensamos que nada puede cambiar, nada va a cambiar.
Sin embargo, la realidad es que SI se pueden hacer las cosas de otra manera. Lo que ocurre es que es tan complicado que pocos lo intentan y muchos menos lo consigen.
Suerte y enhorabuena por el blog.
Muchas gracias Horace.
Ciertamente, se puede estar de acuerdo o no con que la Humanidad no cambia y nos movemos en ciclos. Pero aún así, eso no debería ser un obstáculo para que cada uno tome una decisión ética y moral de cómo comportarse y qué decisiones tomar en la vida. Uno tiene que ser consecuente con uno mismo, no con “modelos” abstractos de lo que se suponga que es el ser humano o la vida
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Bonita y alentadora historia. Hace unos meses escribí un post en otro sitio. Básicamente lo que explicaba, es que todos los vendedores de cursos, fondos, tipos de gestiones o lo que sea, publicitaban su sistema como el mejor, pero lo que utilizaban como ejemplo, son los mejores en su campo: WBuffet, James Simons (Renaissance), Ray Dalio(Bridgewater), etc . . al final, estos tipos son únicos, y parte de sus éxito se debe a que innovaron/arriesgaron. Otra parte también se debe a que fueron pioneros, por que en este negocio, como en tantos otros, a veces no vale ni con ser segundo.
Ni he visto la película ni conozco la liega de futbol Española, pero me suena a que en el futbol de aquí se dio un caso parecido no hace mucho. Muchos le seguirán y fracasarán, lo que demostrará que el éxito no solo depende de una idea, si no de cuando se ejecuta y los pequeños detalles que la componen.
Excelente y ansiado articulo (visito la web 1 vez al mes, el comentario llega un poco tarde . . .)
Saludos.